Esta crisis de credibilidad política
y de gobernanza exige unas primarias realmente abiertas en los
grandes partidos que permitan la entrada de candidatos autónomos y la
participación de todos los ciudadanos.
La ola democratizadora global y las exigencias de mayor
transparencia son un elemento intrínseco e inevitable de la era de la
información. Cuanto antes entiendan los grandes partidos esta realidad, antes
recuperarán la confianza de los ciudadanos.
Las primarias conllevan algunos riesgos importantes para la
estabilidad, por
su carácter genuinamente democratizador y aperturista. Existe el riesgo de que
emerja un líder poderoso externo con capacidad para remodelar el aparato a su
conveniencia. También aumentan los riesgos de división interna y las lealtades
con la oligarquía política dominante se vuelven menos importantes. El
resultado es que los partidos se convierten en más plurales, más dinámicos y
más sensibles a las demandas democráticas de los ciudadanos que los
tradicionales partidos
organización. Por eso a los dirigentes de los grandes partidos no
quieren dar el paso.
Las primarias permiten el acceso a líderes independientes, no
adscritos a ningún partido. Amplían el abanico de opciones internas en
los partidos podría compensar, en parte, la falta de mecanismos que los sistemas
electorales ofrecen para luchar contra la corrupción. Las primarias
podrían compensar esos problemas y abrir la puerta a opciones realmente nuevas,
sin ataduras a las redes de favores y obligaciones internas creadas.
El sistema ha favorecido la reproducción de unas élites
políticas en las que la fidelidad al partido ha resultado ser más importante
que los méritos profesionales o académicos adquiridos. De hecho, el nivel de
formación de los Gobernantes y políticos ha empeorado de forma progresiva, de
manera inversamente proporcional a las exigencias intelectuales del cargo.
Un modelo al tipo de primarias, a la americana, serían
positivas por cuatro razones (no digo
que sería el único e ideal):
1.
Como estrategia de reflote in extremis de
los dos grandes partidos.
2.
Como mecanismo imprescindible de recambio de las
élites, en un contexto de urgentísima regeneración democrática.
3.
como arma para la lucha contra el cáncer de la
corrupción.
4.
Como reclamo necesario para que los mejores
vuelvan a sentirse atraídos por la política.
Las dinámicas
de los partidos ya no emocionan a los mejores, por eso son necesaria las
primarias. Nos enfrentamos a un enorme reto histórico de reforma que
requiere recuperar la confianza de los ciudadanos en la política y a los
mejores políticos al frente para llevar adelante las reformas.
Las primarias no solucionarán todos los problemas políticos y
de gobernanza, pero ayudarán a regenerar las élites políticas, a reducir la
corrupción y, a base de mayor competencia, a estimular la calidad e
independencia de nuestros políticos.