jueves, 18 de julio de 2013

La profunda crisis de política y de gobernanza.

Esta crisis de credibilidad política y de gobernanza exige unas primarias realmente abiertas en los grandes partidos que permitan la entrada de candidatos autónomos y la participación de todos los ciudadanos.
La ola democratizadora global y las exigencias de mayor transparencia son un elemento intrínseco e inevitable de la era de la información. Cuanto antes entiendan los grandes partidos esta realidad, antes recuperarán la confianza de los ciudadanos.
Las primarias conllevan algunos riesgos importantes para la estabilidad, por su carácter genuinamente democratizador y aperturista. Existe el riesgo de que emerja un líder poderoso externo con capacidad para remodelar el aparato a su conveniencia. También aumentan los riesgos de división interna y las lealtades con la oligarquía política dominante se vuelven menos importantes. El resultado es que los partidos se convierten en más plurales, más dinámicos y más sensibles a las demandas democráticas de los ciudadanos que los tradicionales partidos organización. Por eso a los dirigentes de los grandes partidos no quieren dar el paso.
Las primarias permiten el acceso a líderes independientes, no adscritos a ningún partido. Amplían el abanico de opciones internas en los partidos podría compensar, en parte, la falta de mecanismos que los sistemas electorales ofrecen para luchar contra la corrupción. Las primarias podrían compensar esos problemas y abrir la puerta a opciones realmente nuevas, sin ataduras a las redes de favores y obligaciones internas creadas.
El sistema ha favorecido la reproducción de unas élites políticas en las que la fidelidad al partido ha resultado ser más importante que los méritos profesionales o académicos adquiridos. De hecho, el nivel de formación de los Gobernantes y políticos ha empeorado de forma progresiva, de manera inversamente proporcional a las exigencias intelectuales del cargo.
Un modelo al tipo de primarias, a la americana, serían positivas por cuatro razones  (no digo que sería el único e ideal):
1.    Como estrategia de reflote in extremis de los dos grandes partidos.
2.    Como mecanismo imprescindible de recambio de las élites, en un contexto de urgentísima regeneración democrática.
3.    como arma para la lucha contra el cáncer de la corrupción.
4.    Como reclamo necesario para que los mejores vuelvan a sentirse atraídos por la política.
Las dinámicas de los partidos ya no emocionan a los mejores, por eso son necesaria las primarias. Nos  enfrentamos a un enorme reto histórico de reforma que requiere recuperar la confianza de los ciudadanos en la política y a los mejores políticos al frente para llevar adelante las reformas.

Las primarias no solucionarán todos los problemas políticos y de gobernanza, pero ayudarán a regenerar las élites políticas, a reducir la corrupción y, a base de mayor competencia, a estimular la calidad e independencia de nuestros políticos.

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