Esta, mi opinión, consiste en dar un enfoque diferente al surgimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo y su posibilidad de adoptar, que son dos cosas que no deben verse con la misma perspectiva, algo muy importante para estudiar el tema.
En Colombia que es un Estado laico (en tiendase aconfesional) es imperativo salvaguardar esa tradición que no ha sido del todo respetada. Esto es crucial porque la influencia de las creencias religiosas en el país han sido clave para oponerse al matrimonio homosexual y la adopción, sin adentrar en otros prejuicios de índole ideológico que carecen de fundamentos jurídicos para atacarlo.
La opción probada de procrear sin sexualidad y del intercambio sexual sin procreación, unido a las transformaciones en materia de equidad de género, además de los avances de los derechos fundamentales y en suma, de las mutaciones sociales propias de la historia universal, acusan el carácter no natural del matrimonio.
Empezamos por sostener que el matrimonio es una institución que inevitablemente ha evolucionado a través del tiempo, de suerte que ha devenido en una figura jurídica y social, actualmente muy alejada de la concepción inicialmente tradicional que formaban un hombre y una mujer con fines de procreación.
En España como un referente casi obligado para nuestra cultura, se puede referencias sobre a las uniones de hecho como antecedente del matrimonio y la adopción, porque concluimos que en estos casos no se privilegia la igualdad ante la ley cuando se pretende adoptar, pues no todas las parejas del mismo sexo pueden hacerlo. En el mismo contexto, se invita a estudiar sobre familias homoparentales y a los instrumentos internacionales que apoyaron el matrimonio español.
En cuanto a la adopción. La ciencia jurídica ha recogido estos cambios especialmente en las sociedades con vocación democrática que demandan la inclusión de todos los sujetos independientemente de sus diferencias, en un Estado de Derecho. Así, el matrimonio es un contrato o acto jurídico que abarca en forma general el régimen económico de los cónyuges, la sucesión, los derechos y obligaciones entre ellos y hacia sus hijos biológicos o adoptivos e inclusive la disolución. Se trata de un acuerdo de voluntades donde la orientación sexual de sus integrantes no es un impedimento para su celebración, ni altera su esencia.
Con todo esto considero que la adopcion es una opción ajustada a las normas de derecho internacional y que debe contar con las garantías Institucionales, que no han sido ampliamente desarrolladas, por lo que se sugiere ahondar en su análisis para diferenciarlas de los derechos humanos que son inherentes a las personas, pero no a las instituciones, si bien constituyen un concepto en extremo complejo que llega a confundirse y en ocasiones a incluir a los propios derechos fundamentales.
Asi como el matrimonio o unió de parejas hace referencia al derecho de igualdad, la adopción es una opción que no se debe impedir por la sola condicion sexual de la persona.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Solucion real para esta crisis europea.
Sería un grave error considerar que la crisis de Europa es una crisis de la deuda pública, cuando ante lo que realmente estamos es ante una crisis de la propia configuración de la Unión Europea y un modelo insostenible e incoherente de crecimiento económico. Desgraciadamente la falta de cultura política y económica ha llevado a la errónea percepción de que la crisis económica es resultado de las políticas llevadas a cabo por un gobierno concreto en los años más recientes, algo que por cierto explica el cambio de color visto en las elecciones en todos los países. Sin embargo lo cierto es que la crisis actual es el resultado de políticas instaladas y aplicadas hace mucho más años y consensuadas por todos los gobiernos europeos. Esta es una crisis de la Unión Europea y del sistema capitalista, y si no resolvemos los problemas subyacentes durará como mínimo una década más, tendrá un carácter mucho más grave y acabará en un nuevo orden social muy perjudicial para la amplia mayoría de la población.
La única opción es tener tipos de interés reales negativos, no necesariamente tiene que haber un aumento de las tasas de inflación, puede funcionar con una inflación del 4% ó 5 %. La cuestión crucial es que el tipo de interés real después de impuestos sea negativo, o sea desde un 2% hasta un 2,5% por debajo de la tasa de inflación. Si tenemos una inflación del 3% y un tipo de interés oficial del 1% y tienes que pagar impuestos por la mitad de tu cupón, de tal forma que el coste real de la deuda es de 0,5 %, entonces tienes un tipo de interés real negativo del 2,5% que, a lo largo de 10 años, es un 25%. Esto rebajaría el endeudamiento en un 25% y acercaría a algunas de las naciones a los criterios de Maastricht.
No es necesario tener un 10%, 20% ó 30% de inflación como argumentan los analistas más pesimistas, nuestra argumentación es que se necesita un tipo de interés lo suficientemente alto para que genere un tipo de interés negativo después de pagar impuestos de alrededor del 2% ó 2,5%.. Los tipos de interés los marca el Banco Central Europeo una opción realista de tasa de inflación para la eurozona como media para los próximos 10 años es un 4,5%.
Si tenemos un 4,5% de inflación y tenemos tipos de interés oficiales del BCE a diez años para Alemania de alrededor del 1,4%, y un máximo de 200 puntos (2%) básicos de spread con los países más endeudados de la zona euro, entonces tenemos una tasa media del 2% para el bono del gobierno, que después de impuestos significa un 3% de tipos de interés reales negativos.
Si el gobierno es capaz de estabilizar los presupuestos, y no producir un superávit primario, simplemente estabilizarlo, entonces habría un crecimiento de la deuda del 1% ó 1,5% y esto conduciría a lo largo de más bien 20 años a reducir los niveles de endeudamiento a un 60% ó 70% del PIB.
La deuda pública no es el problema.
Como todo agente económico, los Estados tienen una partida de ingresos y otra de gastos. Cuando la partida de gastos supera a la de ingresos se dice que se entra en déficit fiscal, y entonces el Estado tiene que endeudarse en los mercados financieros para compensar la diferencia. La percepción general ante esta situación es que los gastos son insostenibles y que la crisis es consecuencia del excesivo peso de lo público en la economía. Algo que se suma a la percepción populista de que hay demasiados funcionarios, sueldos excesivos en la administración pública, derroche, corrupción desenfrenada…
Como toda gran mentira siempre hay algo de verdad, pero los datos revelan que no estamos ante la causa real del problema. Ahorrar, gastar menos...Yo diría que si hubiéramos pensado en la crisis hace 15 años, esa hubiera sido una opción. O si solo un país tuviera un problema de deuda, entonces ahorrar y reducir los gastos sería una opción. Pero ya no es el caso en estos momentos porque más o menos todos los países industrializados tienen el mismo problema.
Terminaremos en una espiral bajista, todos los países que intentan resolver los problemas vía recorte de gastos acaban con horribles cifras de crecimiento del PIB. Ahorrar es algo para los titulares de los medios de comunicación, para que la gente en Alemania esté contenta y crea que la gente en el sur de Europa está haciendo esfuerzos reales.
Eso es debido a la caída extraordinaria en los ingresos (que caen por la recesión a la que lleva la crisis financiera internacional y el estallido de la burbuja inmobiliaria) y al crecimiento de los gastos derivados de los rescates financieros, el pago de prestaciones por desempleo y el plan de estímulo económico (conocido como Plan E). Todo ello llevó a incrementar el endeudamiento, es decir, a pedir mucho más dinero prestado a los mercados
En todas partes la crisis financiera internacional condujo a la recesión por vía del cierre del crédito, y en todas partes los Estados tuvieron que incrementar su deuda pública. Hasta niveles que los propios mercados financieros han considerado peligrosos. Pero lo que debe quedar claro en este punto es que la deuda pública ha crecido como consecuencia de la crisis financiera.
La prima de riesgo no nos sirve para el análisis.
El peligro que tenga un determinado nivel de la deuda pública depende del flujo de ingresos que genere un Estado determinado. Un 140% de deuda pública sobre el PIB no nos indica mucho, ya que lo que necesitamos saber es qué capacidad tiene cada Estado para devolver la deuda y sus intereses. Por lo tanto lo que nos interesa es saber cuánto crece un país (porque al crecer se recaudan más impuestos y por lo tanto se crean flujos de ingresos con los que devolver la deuda). El actual peligro reside, precisamente, en que ningún país está creciendo a ritmos adecuados y la mayoría tiene perspectivas de entrar otra vez en recesión.
Y se entra en recesión porque se aplican políticas de recortes. El error de los políticos y economistas liberales reside en dar por hecho que los recortes llevarán al crecimiento ahora o en el medio plazo, cuando en realidad lo que ocurre siempre es que al afectar al gasto público (que es un componente del crecimiento económico) también se afecta a los ingresos. El resultado final es que caen los gastos pero también los ingresos y por lo tanto la necesidad de endeudarse prosigue igual.
Con un Estado como Alemania creciendo poco y teniendo que pagar un 3% de intereses, todavía puede seguir el ritmo de los pagos. Pero con países como Italia, Grecia o España, que crecen nada o decrecen, afrontar intereses del 7% es apretar un poco más la soga. Por eso no conviene mirar la prima de riesgo, que es un simple diferencial, sino los indicadores fundamentales de cada país (ingresos, crecimiento, deuda y rentabilidad de la deuda).
Los dos modelos de crecimiento dentro de la Unión Europea.
Que Alemania siga creciendo, aunque débilmente, y España esté en la frontera de la recesión se explica por el modelo de crecimiento que cada país mantiene. Mientras Alemania ha crecido en las últimas décadas gracias a un modelo de exportación, ayudado por su mayor competitividad, España ha crecido propulsando su demanda interna vía el crédito. Mirando la balanza comercial de cada país podemos comprobar cómo los países con menor competitividad (como España) han tenido un déficit comercial peligrosísimo mientras que países con mayor competitividad han tenido superávit.
Lo que explica este gráfico es que España ha tenido más importaciones que exportaciones, y que ha financiado esa diferencia a través de la cuenta financiera. Dicho de otra forma, España ha crecido gracias a su burbuja inmobiliaria pero ésta no podría haber sido posible si los bancos no hubieran obtenido dinero desde el exterior para financiar todos los créditos inmobiliarios. Y ese dinero lo han obtenido los bancos de los mercados financieros internacionales, muy especialmente a través de la emisión de productos titulizados.
Es decir, el consumo interno español (componente del crecimiento económico) se ha sustentado no en altos salarios (que han sido en realidad cada vez menores como vimos aquí) sino en el crédito financiero. Pero ese crédito ha sido posible porque los propios bancos han pedido prestado ese dinero en el exterior. Ese esquema es el que refleja el gráfico anterior, con una cuenta corriente excesivamente deficitaria y una cuenta financiera que lo compensa.
Por contraposición, Alemania ha crecido porque ha exportado más de lo que ha importado. Estamos ante una relación centro-periferia en Europa que se parece mucho a la establecida entre Estados Unidos y China. Alemania exporta más pero porque hay países que pueden comprar lo que Alemania vende. Y esos son países como España, Italia o Grecia. Y para ayudarles, Alemania y los países centrales de Europa han financiado esas mismas compras. Exactamente la misma relación que existe en el llamado Breton Woods 2 entre China y EEUU. Son polos opuestos que se necesitan mutuamente.
La distinta competitividad entre países.
La mayor competitividad de Alemania se explica por una caída de los salarios mucho más aguda en Alemania que en España o en el resto de países periféricos. Aquí la actitud de los sindicatos alemanes lo explica todo, puesto que han aceptado caídas brutales en el salario real. Ello ha posibilitado que Alemania ganara la carrera competitiva sobre los otros países, que no tuvieron más salida que crecer vía crédito.
Así, mientras que el Pacto de Estabilidad y Crecimiento no sirvió para nada, porque sólo controlaba las cuentas públicas y no las privadas (y por lo tanto no alertaba de la exposición de las empresas y hogares), recientemente se aprobó el Pacto por el Euro. Dicho Pacto, que explicamos aquí, empuja a todos los países a ganar competitividad por la vía de recortes salariales y del gasto público. Además de llevar a la recesión, la aplicación de esas propuestas llevará a una carrera a la baja entre países europeos que nunca podrá ser ganada por España. Y es que no todos los países pueden ser competitivos ni crecer mediante exportaciones. Las exportaciones de unos son las importaciones de otros, y por lo tanto el Pacto del Euro es un camino hacia la chinarización de todos los países y sin que eso pueda llegar algún momento a producir crecimiento en los países con más retraso en dicha carrera, como España.
Lo que debería hacerse.
Si la Unión Europea quiere mantenerse tiene que resolver los desequilibrios comerciales que existen en su seno. Si se quiere hacer de forma coordinada lo primero que Alemania tiene que hacer es promover una subida de la participación salarial en su economía.
1- Esto se puede hacer fortaleciendo el peso de la centralización en la negociación salarial o llevando a un pacto capital-trabajo que refleje un creciente poder del componente salarial y un menor peso del margen de beneficios. Eso reducirá su superávit comercial y mejorará la balanza comercial de los países periféricos.
2- En el ámbito europeo hay que controlar el espacio financiero europeo. Hay que establecer controles de capital hacia fuera e imponer tasas financieras en el espacio europeo, declarando la zona euro una zona de autosuficiencia financiera. La prohibición de las transacciones con los paraísos fiscales y territorios offshore será otro pilar, junto con el fortalecimiento de los mecanismos de lucha contra el fraude fiscal y la coordinación de un fuerte sistema fiscal progresivo.
3- Refundacion del BCE. Con todo ese dinero, más con un financiamiento directo del BCE, se pueden comenzar los planes de estímulo destinados a corregir todos los desequilibrios comerciales y a fortalecer un modelo sostenible de crecimiento (dirigido por los salarios y teniendo presente limitaciones medioambientales).
4- Los eurobonos pueden ser una buena opción, pero si no son suficientes el BCE debe financiar directamente. Además, debe incrementarse fuertemente la regulación financiera, prohibiendo prácticas especulativas, e imponiendo tasas a los bonos de deuda públicas que por encima de una determinada cantidad sean del 100%. Eso es una reestructuración de la deuda que permite que sea progresiva.
En España.
debe acometerse un cambio en el modelo productivo, pero para ello es necesario impulsar también el mercado interno para no depender tanto de las dinámicas de otras economías. Algo similar a lo que está haciendo China desde hace varios años con objeto de reducir su exposición al exterior. Para ello también hay que fortalecer la participación salarial e incrementar el peso del Gasto Público en la economía. Como herramientas fundamentales es necesario disponer de banca pública y de empresas públicas en los sectores clave (como le energía, vivienda o telecomunicaciones).
En definitiva, para la supervivencia de la Unión Europea y de nuestro planeta necesitamos un proceso fuerte de redistribución de la renta, de la riqueza, del trabajo y un mayor peso de las entidades públicas, que deberán ser gestionadas de forma transparente y democrática. Todo lo que no sea eso, y como hemos revelado más arriba, nos conducirá a un nuevo orden social inestable, repleto de tensiones sociales inabarcables y que amenazaría con destruir todo atisbo de democracia.
La única opción es tener tipos de interés reales negativos, no necesariamente tiene que haber un aumento de las tasas de inflación, puede funcionar con una inflación del 4% ó 5 %. La cuestión crucial es que el tipo de interés real después de impuestos sea negativo, o sea desde un 2% hasta un 2,5% por debajo de la tasa de inflación. Si tenemos una inflación del 3% y un tipo de interés oficial del 1% y tienes que pagar impuestos por la mitad de tu cupón, de tal forma que el coste real de la deuda es de 0,5 %, entonces tienes un tipo de interés real negativo del 2,5% que, a lo largo de 10 años, es un 25%. Esto rebajaría el endeudamiento en un 25% y acercaría a algunas de las naciones a los criterios de Maastricht.
No es necesario tener un 10%, 20% ó 30% de inflación como argumentan los analistas más pesimistas, nuestra argumentación es que se necesita un tipo de interés lo suficientemente alto para que genere un tipo de interés negativo después de pagar impuestos de alrededor del 2% ó 2,5%.
Problema estructural del sistema de la eurozona.
Existe una contradicción estructural en el sistema del euro: hay una unión monetaria (una divisa común) sin unión fiscal (esto es, sin impuestos, pensiones y funciones del Tesoro comunes.En el sistema de la eurozona, se requiere a los países miembros que sigan un patrón fiscal similar, pero no disponen de un Tesoro común para hacerlo valer. Esto es, países con el mismo sistema monetario tienen libertad en cuanto a sus políticas fiscales en materia de imposición y gasto. Así que incluso aunque existan algunos puntos de acuerdo sobre la política monetaria a través del Banco Central Europeo, los países pueden no ser capaces o simplemente pueden elegir no seguirla. Esta característica ha provocado un cierto comportamiento de free riding de las economías periféricas, especialmente representadas en este sentido por el caso de Grecia, dado que es difícil controlar y regular las instituciones financieras nacionales. Además, existe también el problema de que el sistema de la zona euro tiene una estructura compleja para responder y actuar con rapidez. Con muchas naciones como miembros, requiere unanimidad para la toma de decisiones. Esto puede conducir al fracaso en la prevención del contagio a otras áreas, al ser difícil para la zona euro responder rápidamente ante un problema financiero de envergadura.
Adicionalmente, no existe una "unión bancaria", lo que significa que no existe a nivel europeo una supervisión bancaria ni vías de recapitalización o resolución de bancos fallidos.
miércoles, 13 de agosto de 2014
El canal del Dique 364 años de historia desconocida.
En el año de 1650, el río Magdalena fue bifurcado dando paso al nacimiento de lo que hoy es el Canal del Dique. Lo que en sus inicios no fue más que una idea basada en unir las lagunas y ciénagas de la Gobernación de Cartagena con el río, se convirtió en realidad gracias a la iniciativa de don Pedro Zapata de Mendoza, gobernador de Cartagena en esa época, quien respaldado por 200 hombres con hacha, pico y pala, entre enero y agosto de dicho año, llevó a cabo la obra por la que hoy es recordado: el rompimiento del “dique” vocablo derivado de “muro” en holandés que separaba el río Magdalena de dichas ciénagas. Esta tarea en parte fue facilitada, porque correspondía a los remanentes de ciénagas existes del cauce anterior del río Magdalena.
El nombre de Canal del Dique surge del rompimiento de un dique que separaba las aguas del río Magdalena de las ciénagas adyacentes. La obra, originalmente, no se podía considerar como un canal puesto que unía las ciénagas con el río y su navegación dependía del nivel de las crecientes. Desde 1571 hasta 1984, se han realizado toda una serie de intervenciones sobre la ecorregión del Canal del Dique bajo la necesidad de optimizar la navegación fluvial entre Cartagena y el interior del país y viceversa.
Los primeros indicios de tráfico entre Cartagena y el río Magdalena datan de 1571, cuando Mateo Rodríguez, vecino de Tenerife, abrió un camino de herradura desde el caño de Calvara hasta la barranca o lugar de embarque de su nombre, y más tarde llamada Barranca Vieja, reemplazada por otra denominada Barranca Nueva. Posteriormente, en 1575 Martín Polo abrió otra vía acuática-terrestre desde el morro de Juan Gómez hasta las orillas del Magdalena, con la obligación de construir en una de las ciénagas una barca grande en que pudieran entrar recuas cargadas, para evitar el daño que el trasbordo ocasionaba a las mercaderías. En 1596, expirados los privilegios y el tráfico por aquella vía fue público, la Real Audiencia le concedió a Martín Camacho la reforma a la navegación por el río Magdalena. Con algunas pequeñas mejoras estas vías fueron utilizadas por espacio de casi un siglo.
A mediados del siglo XVII, el Gobernador de Cartagena de Indias, Alonso Turrillo, tuvo la idea de prolongar la ciénaga de la Matunilla hasta el río Magdalena, para comunicar el puerto marítimo con el interior del país y pidió al Rey $100.000 suma que no recibió; su sucesor Clemente Soriano también se interesó por el proyecto, pero en 1647 murió. En su reemplazo se encargó a Pedro Zapata de Mendoza quien se enteró que los caminos para la conducción de mercancías desde Cartagena al río Magdalena estaban casi abandonados. Además, se le informó que Soriano tenía un proyecto para unir las aguas del Caño Calvara con el río Magdalena, pero que por su alto costo y la situación crítica de la ciudad la obra no se había construido.
El Gobernador Pedro Zapata de Mendoza, asesorado por el ingeniero Juan de Somovilla y Tejada, quien dirigía las obras de fortificación de la ciudad, se propuso continuar el proyecto de su antecesor y, en 1649 solicitó al Cabildo de Cartagena la construcción de un canal que permitiera la comunicación fluvial entre Cartagena y el río Magdalena. Como la hacienda municipal no disponía de los recursos para dicha obra, Zapata aportó sus sueldos y comprometió su firma particular como fianza en un empréstito “a censo” de 30.000 pesos. La barranca era venta, almacén y puerto que se ubicaba en un lugar alto y seguro de las riveras.
Por medio de una orden que tuvo el carácter de una ley, todos los indios y esclavos que se encontraban en la jurisdicción, hasta Tolú, tenían obligación de trabajar en la apertura del canal. Cerca de dos mil trabajadores, entre indios y negros, armados de azadón, hachas, machetes, picos y palas, tuvieron la labor de abrirlo. Se les daba su mantenimiento diario y una paga de ocho pesos al mes, que era superior a la que entonces regía para trabajos más duros. El canal se trazó por una depresión del terreno formada por lagunas profundas, unidas por caños, lo cual explica la forma de S acostada con una extensión de 129 kilómetros. La travesía normal en champanes y canoas duraba tres o cuatro días. La apertura del canal duró seis meses, se terminó el 24 de junio de 1650, realizándose su inauguración el 20 de agosto del mismo año.
En un inicio la administración del canal estuvo a cargo del Cabildo de Cartagena, posteriormente, pasó a múltiples arrendatarios los cuales únicamente se interesaban por el cobro de los dineros obtenidos por su uso y no le realizaban ningún tipo de mantenimiento.Esto produjo el deterioro de esta vía fluvial que solo podía transitarse pocos meses al año, permaneciendo la mitad de él sin agua.Durante el siglo XIX, varios ciudadanos y empresas nacionales y extranjeras se interesaron por la administración, el dragado, la profundización y la rectificación del canal para mejorar su navegabilidad. En 1824 el ciudadano alemán Juan Bernardo Elbers, quien había obtenido del Congreso y del Gobierno Nacional la exclusividad de la navegación por el río Magdalena en buques de vapor, junto con otros ciudadanos estuvo dispuesto a reabrir la navegación por el canal. Por dificultades de Elbers con el cabildo de Cartagena, quien cobraba por la utilización de esta vía los derechos de peajes denominados, “dique y medio dique”, transcurrieron cuatro años y no se rehabilitó el canal.
En vista de que no se iniciaron los trabajos del canal, en 1828 el presidente de Colombia, Simón Bolívar, solicitó a la municipalidad su apertura y tampoco fue posible. En las décadas de 1820 y 1830 las dilaciones para la reapertura del canal condujeron a que la actividad económica de Cartagena declinara a favor de los puertos Santa Marta y Sabanilla, este último utilizado para el comercio de Barranquilla. En 1844 la Cámara Provincial de Cartagena encargó a una junta para emprender una nueva canalización, y esta junta contrató al ingeniero civil norteamericano G.M. Totten, quien comenzó los trabajos de excavación en 1845, con una duración de seis años y un costo de $350.000 pesos. Se hicieron compuertas en varios sitios y se abrió una nueva boca del Dique en un punto cercano a la población de Calamar, que había sido fundada en 1848. La hierbas y arenas que arrastraban las aguas del río nuevamente dificultaron la navegación, lo que condujo a la Junta del Canal del Dique a celebrar nuevos contratos de canalización con particulares; es así como, en 1867 la Compañía de Vapores de Dique de Cartagena obtuvo el derecho exclusivo de navegar el canal por 50 años, limpiarlo y canalizarlo. Sin embargo,un año después la Compañía no cumplió sus obligaciones y el Estado declaró rescindido y caducado el privilegio.
Mediante la Ley 2 del 21 se septiembre de 1877, siendo Presidente del Estado Soberano de Bolívar Rafael Núñez, se creó un Consejo Consultivo de la Dirección de la Empresa del Dique, quien presentó una propuesta para la canalización y limpieza del canal. Los trabajos se iniciaron en 1878 bajo la dirección del ingeniero J.J. Moore y se emplearon cuatro años en la canalización, construcción de canales nuevos y cortes de curvas del Dique. En busca de una mayor comunicación de Cartagena con el río Magdalena, Nuñez también construyó el ferrocarril Cartagena-Calamar, en 1894, el cual en teoría debió dejar en desuso el canal; pero la conexión férrea se eliminó aduciendo que la tecnología, la maquinaria y los medios económicos de Colombia en el siglo XIX no eran los apropiados. En 1953 se levantaron los rieles del ferrocarril de Calamar, sin ruido ni protestas.
En 1914 con la apertura del Canal de Panamá se renovó el deseo de los cartageneros de luchar por el Canal del Dique y lograron que el Congreso aprobara la Ley 130 de 1915 y creara una Junta de Limpieza y Canalización de Dique, la cual contrató unos estudios para que el canal fuese navegable durante todo el año. Los estudios los hizo el coronel (r) Vanderburgh quien perteneció al U.S. Army Coros of Engineers entidad que había terminado el Canal de Panamá. Vanderburgh entregó dos informes, uno en 1917 y otro en 1920.Los anteriores informes sirvieron, a comienzos del siglo XX, para que la Junta de Limpieza y Canalización del Dique y The Foundation Company celebraran un contrato en 1923 para realizar trabajos en el canal y ponerlo activo durante todo el año, para vapores de mayor tonelaje siendo el fondo mínimo de toda la vía de siete pies.10 Esta compañía efectuó dragados hasta 1930, pero no lograron la navegación de los buques de más de 500 toneladas de capacidad que transitaban por el río Magdalena, aunque se hicieron adelantos que más tarde sirvieron para la modernización del Dique.
Entre 1932 y 1934, una draga de la firma Frederick Snare Co. realizó el corte de Paruica con el fin de conectar la ciénaga de Matunilla con el caño del Estero. Con esta obra comienza la llegada de aguas dulces a la bahía de Cartagena por el sitio de Pasacaballos, dándole las condiciones de estuario. Desde siempre había desaguado en Barbacoas y las embarcaciones atravesaban un brazo de mar antes de penetrar por el caño del Estero a la bahía de Cartagena. A partir de 1940 el Ministerio de Obras Públicas efectuó trabajos de ampliación, profundización, corte de variantes, cierre de cauces antiguos, relleno de algunas zonas inundables, entre otras. Entre 1950 y 1952 en el gobierno de Laureano Gómez se contrató con la Standard Dredging Co. la rectificación del Canal del Dique con lo cual se redujo de 113 a 93 el número de curvas, lo cual condujo a que el sedimento del río Magdalena entrara con más fuerza a las bahías de Cartagena y Barbacoas. Ya para 1960 el caño del Estero se había sedimentado por completo lo que llevó a que en 1961 se construyera el caño de Lequerica con una longitud inicial de 200 metros.
En 1956 se construyó la refinería de Cartagena, lo cual llevó a un creciente tráfico de hidrocarburos que se transporta en remolcadores impulsados por hélices, haciendo indispensable el mantenimiento permanente del Canal. Entre 1981 y 1984, el Canal del Dique fue nuevamente rectificado por el Consorcio Layne Dredging y Sanz & Cobe Ltda, reduciendo de 93 a 50 el número de curvas, el ancho del fondo se llevó de 45 a 65 metros con una profundidad mínima de 2.5 metros. La obra quedó inconclusa por inconvenientes económicos de la empresa constructora y las trampas de sedimentación no funcionaron como se esperaba. Con los últimos cortes se incrementó el caudal del río Magdalena que se vierte a través del canal sobre la bahía de Cartagena,causando esto ademas muchos problemas ecologicos por la falta de mantenimiento.
El nombre de Canal del Dique surge del rompimiento de un dique que separaba las aguas del río Magdalena de las ciénagas adyacentes. La obra, originalmente, no se podía considerar como un canal puesto que unía las ciénagas con el río y su navegación dependía del nivel de las crecientes. Desde 1571 hasta 1984, se han realizado toda una serie de intervenciones sobre la ecorregión del Canal del Dique bajo la necesidad de optimizar la navegación fluvial entre Cartagena y el interior del país y viceversa.
Los primeros indicios de tráfico entre Cartagena y el río Magdalena datan de 1571, cuando Mateo Rodríguez, vecino de Tenerife, abrió un camino de herradura desde el caño de Calvara hasta la barranca o lugar de embarque de su nombre, y más tarde llamada Barranca Vieja, reemplazada por otra denominada Barranca Nueva. Posteriormente, en 1575 Martín Polo abrió otra vía acuática-terrestre desde el morro de Juan Gómez hasta las orillas del Magdalena, con la obligación de construir en una de las ciénagas una barca grande en que pudieran entrar recuas cargadas, para evitar el daño que el trasbordo ocasionaba a las mercaderías. En 1596, expirados los privilegios y el tráfico por aquella vía fue público, la Real Audiencia le concedió a Martín Camacho la reforma a la navegación por el río Magdalena. Con algunas pequeñas mejoras estas vías fueron utilizadas por espacio de casi un siglo.
A mediados del siglo XVII, el Gobernador de Cartagena de Indias, Alonso Turrillo, tuvo la idea de prolongar la ciénaga de la Matunilla hasta el río Magdalena, para comunicar el puerto marítimo con el interior del país y pidió al Rey $100.000 suma que no recibió; su sucesor Clemente Soriano también se interesó por el proyecto, pero en 1647 murió. En su reemplazo se encargó a Pedro Zapata de Mendoza quien se enteró que los caminos para la conducción de mercancías desde Cartagena al río Magdalena estaban casi abandonados. Además, se le informó que Soriano tenía un proyecto para unir las aguas del Caño Calvara con el río Magdalena, pero que por su alto costo y la situación crítica de la ciudad la obra no se había construido.
El Gobernador Pedro Zapata de Mendoza, asesorado por el ingeniero Juan de Somovilla y Tejada, quien dirigía las obras de fortificación de la ciudad, se propuso continuar el proyecto de su antecesor y, en 1649 solicitó al Cabildo de Cartagena la construcción de un canal que permitiera la comunicación fluvial entre Cartagena y el río Magdalena. Como la hacienda municipal no disponía de los recursos para dicha obra, Zapata aportó sus sueldos y comprometió su firma particular como fianza en un empréstito “a censo” de 30.000 pesos. La barranca era venta, almacén y puerto que se ubicaba en un lugar alto y seguro de las riveras.
Por medio de una orden que tuvo el carácter de una ley, todos los indios y esclavos que se encontraban en la jurisdicción, hasta Tolú, tenían obligación de trabajar en la apertura del canal. Cerca de dos mil trabajadores, entre indios y negros, armados de azadón, hachas, machetes, picos y palas, tuvieron la labor de abrirlo. Se les daba su mantenimiento diario y una paga de ocho pesos al mes, que era superior a la que entonces regía para trabajos más duros. El canal se trazó por una depresión del terreno formada por lagunas profundas, unidas por caños, lo cual explica la forma de S acostada con una extensión de 129 kilómetros. La travesía normal en champanes y canoas duraba tres o cuatro días. La apertura del canal duró seis meses, se terminó el 24 de junio de 1650, realizándose su inauguración el 20 de agosto del mismo año.
En un inicio la administración del canal estuvo a cargo del Cabildo de Cartagena, posteriormente, pasó a múltiples arrendatarios los cuales únicamente se interesaban por el cobro de los dineros obtenidos por su uso y no le realizaban ningún tipo de mantenimiento.Esto produjo el deterioro de esta vía fluvial que solo podía transitarse pocos meses al año, permaneciendo la mitad de él sin agua.Durante el siglo XIX, varios ciudadanos y empresas nacionales y extranjeras se interesaron por la administración, el dragado, la profundización y la rectificación del canal para mejorar su navegabilidad. En 1824 el ciudadano alemán Juan Bernardo Elbers, quien había obtenido del Congreso y del Gobierno Nacional la exclusividad de la navegación por el río Magdalena en buques de vapor, junto con otros ciudadanos estuvo dispuesto a reabrir la navegación por el canal. Por dificultades de Elbers con el cabildo de Cartagena, quien cobraba por la utilización de esta vía los derechos de peajes denominados, “dique y medio dique”, transcurrieron cuatro años y no se rehabilitó el canal.
En vista de que no se iniciaron los trabajos del canal, en 1828 el presidente de Colombia, Simón Bolívar, solicitó a la municipalidad su apertura y tampoco fue posible. En las décadas de 1820 y 1830 las dilaciones para la reapertura del canal condujeron a que la actividad económica de Cartagena declinara a favor de los puertos Santa Marta y Sabanilla, este último utilizado para el comercio de Barranquilla. En 1844 la Cámara Provincial de Cartagena encargó a una junta para emprender una nueva canalización, y esta junta contrató al ingeniero civil norteamericano G.M. Totten, quien comenzó los trabajos de excavación en 1845, con una duración de seis años y un costo de $350.000 pesos. Se hicieron compuertas en varios sitios y se abrió una nueva boca del Dique en un punto cercano a la población de Calamar, que había sido fundada en 1848. La hierbas y arenas que arrastraban las aguas del río nuevamente dificultaron la navegación, lo que condujo a la Junta del Canal del Dique a celebrar nuevos contratos de canalización con particulares; es así como, en 1867 la Compañía de Vapores de Dique de Cartagena obtuvo el derecho exclusivo de navegar el canal por 50 años, limpiarlo y canalizarlo. Sin embargo,un año después la Compañía no cumplió sus obligaciones y el Estado declaró rescindido y caducado el privilegio.
Mediante la Ley 2 del 21 se septiembre de 1877, siendo Presidente del Estado Soberano de Bolívar Rafael Núñez, se creó un Consejo Consultivo de la Dirección de la Empresa del Dique, quien presentó una propuesta para la canalización y limpieza del canal. Los trabajos se iniciaron en 1878 bajo la dirección del ingeniero J.J. Moore y se emplearon cuatro años en la canalización, construcción de canales nuevos y cortes de curvas del Dique. En busca de una mayor comunicación de Cartagena con el río Magdalena, Nuñez también construyó el ferrocarril Cartagena-Calamar, en 1894, el cual en teoría debió dejar en desuso el canal; pero la conexión férrea se eliminó aduciendo que la tecnología, la maquinaria y los medios económicos de Colombia en el siglo XIX no eran los apropiados. En 1953 se levantaron los rieles del ferrocarril de Calamar, sin ruido ni protestas.
En 1914 con la apertura del Canal de Panamá se renovó el deseo de los cartageneros de luchar por el Canal del Dique y lograron que el Congreso aprobara la Ley 130 de 1915 y creara una Junta de Limpieza y Canalización de Dique, la cual contrató unos estudios para que el canal fuese navegable durante todo el año. Los estudios los hizo el coronel (r) Vanderburgh quien perteneció al U.S. Army Coros of Engineers entidad que había terminado el Canal de Panamá. Vanderburgh entregó dos informes, uno en 1917 y otro en 1920.Los anteriores informes sirvieron, a comienzos del siglo XX, para que la Junta de Limpieza y Canalización del Dique y The Foundation Company celebraran un contrato en 1923 para realizar trabajos en el canal y ponerlo activo durante todo el año, para vapores de mayor tonelaje siendo el fondo mínimo de toda la vía de siete pies.10 Esta compañía efectuó dragados hasta 1930, pero no lograron la navegación de los buques de más de 500 toneladas de capacidad que transitaban por el río Magdalena, aunque se hicieron adelantos que más tarde sirvieron para la modernización del Dique.
Entre 1932 y 1934, una draga de la firma Frederick Snare Co. realizó el corte de Paruica con el fin de conectar la ciénaga de Matunilla con el caño del Estero. Con esta obra comienza la llegada de aguas dulces a la bahía de Cartagena por el sitio de Pasacaballos, dándole las condiciones de estuario. Desde siempre había desaguado en Barbacoas y las embarcaciones atravesaban un brazo de mar antes de penetrar por el caño del Estero a la bahía de Cartagena. A partir de 1940 el Ministerio de Obras Públicas efectuó trabajos de ampliación, profundización, corte de variantes, cierre de cauces antiguos, relleno de algunas zonas inundables, entre otras. Entre 1950 y 1952 en el gobierno de Laureano Gómez se contrató con la Standard Dredging Co. la rectificación del Canal del Dique con lo cual se redujo de 113 a 93 el número de curvas, lo cual condujo a que el sedimento del río Magdalena entrara con más fuerza a las bahías de Cartagena y Barbacoas. Ya para 1960 el caño del Estero se había sedimentado por completo lo que llevó a que en 1961 se construyera el caño de Lequerica con una longitud inicial de 200 metros.
En 1956 se construyó la refinería de Cartagena, lo cual llevó a un creciente tráfico de hidrocarburos que se transporta en remolcadores impulsados por hélices, haciendo indispensable el mantenimiento permanente del Canal. Entre 1981 y 1984, el Canal del Dique fue nuevamente rectificado por el Consorcio Layne Dredging y Sanz & Cobe Ltda, reduciendo de 93 a 50 el número de curvas, el ancho del fondo se llevó de 45 a 65 metros con una profundidad mínima de 2.5 metros. La obra quedó inconclusa por inconvenientes económicos de la empresa constructora y las trampas de sedimentación no funcionaron como se esperaba. Con los últimos cortes se incrementó el caudal del río Magdalena que se vierte a través del canal sobre la bahía de Cartagena,causando esto ademas muchos problemas ecologicos por la falta de mantenimiento.
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